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Brindemos por la Arquitectura

El aprender y posteriormente el enseñar Historia del Arte, ha sido particularmente uno de los placeres más completos que la vida me ha regalado. Hoy en día, estoy descubriendo un nuevo placer en el orden académico; el enseñar arquitectura. Acometer esta tarea es desde luego para mi todo un honor, pero nada fácil.
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De la mano de Peter Zumthor, comparto con ustedes un extracto de su libro "Pensar la Arquitectura", titulado: Enseñar arquitectura, aprender arquitectura. Disfruten de la visión de este destacado arquitecto suizo nacido en Basilea y ganador del premio Pritzker el año 2009; de su imaginario y sobre todo, de su idea sobre el cómo enseñar y aprender arquitectura.


Enseñar arquitectura, aprender arquitectura. Por Peter Zumthor, extracto del libro “Pensar la arquitectura” 1996.

Los jóvenes acuden a la universidad, quieren ser arquitectos o arquitectas, quieren averiguar si poseen las cualidades para ello. ¿Qué es lo primero que se les transmite? Lo primero que se les ha de explicar es que no se encontrarán con ningún maestro que plantee preguntas ante las cuales él sepa de antemano la respuesta. Hacer arquitectura significa plantearse uno mismo preguntas, significa hallar, con el apoyo de los profesores, una respuesta propia mediante una serie de aproximaciones y movimientos circulares. Una y otra vez. La fuerza de un buen proyecto reside en nosotros mismos y en nuestra capacidad de percibir el mundo con sentimiento y razón. Un buen proyecto arquitectónico es sensorial. Un buen proyecto arquitectónico es racional.Antes de conocer siquiera la palabra arquitectura, todos nosotros ya la hemos vivido. Las raíces de nuestra comprensión de la arquitectura residen en nuestras primeras experiencias arquitectónicas: nuestra habitación, nuestra casa, nuestra calle, nuestra aldea, nuestra ciudad y nuestro paisaje son cosas que hemos experimentado antes y que después vamos comparando con los paisajes. Las ciudades y las casas que se fueron añadiendo a nuestra experiencia. Las raíces de nuestro entendimiento de la arquitectura están en nuestra infancia, en nuestra juventud: residen en nuestra biografía. Los estudiantes deben aprender a trabajar conscientemente con sus vivencias personales y biográficas de la arquitectura, que son la base de sus proyectos. Los proyectos se abordan de manera que pongan en marcha todo ese proceso. Nos preguntamos qué es lo que entonces nos gustó, nos impresionó, nos conmovió en esa casa, en esa ciudad, y por qué. Cómo estaba dispuesto el espacio, el lugar, qué aspecto tenía, qué olor había en el ambiente, cómo sonaban mis pasos, cómo resonaba mi voz, cómo sentía el suelo bajo mis pies, el picaporte en mi mano, cómo era la luz sobre las fachadas, el brillo de las paredes. ¿Era una sensación de estrechez o de amplitud, de intimidad o vastedad?.Pavimentos de listones de madera como ligeras membranas, pesadas nasas pétreas, telas suaves, granito pulido, cuero delicado, acero rudo, caoba bruñida, vidrio cristalino, asfalto blando recalentado por el sol, he aquí los materiales de los arquitectos, nuestros materiales. Los conocemos a todos ellos y, sin embargo, no los conocemos. Para proyectar, para inventar arquitecturas, debemos aprender a tratarlos de una forma consciente.

Eso es un trabajo de investigación; eso es un trabajo de rememoración. La arquitectura es siempre una materia concreta; no es abstracta, sino concreta. Un proyecto sobre el papel no es arquitectura, sino únicamente una representación más o menos defectuosa de lo que es la arquitectura, comparable con las notas musicales. La música precisa de su ejecución. La arquitectura necesita ser ejecutada. Luego surge su cuerpo, que es siempre algo sensorial. Todos los trabajos del proyecto del primer curso de arquitectura parten de la sensualidad corporal y objetual de las arquitecturas, de su materialidad. Experimentar la arquitectura de una forma concreta, es decir, tocar su cuerpo, ver, oír, oler. Los temas del curso son descubrir esas cualidades y después, saber tratar con ellas conscientemente. En todos los ejercicios se trabaja con materiales reales, se apunta siempre, y de una forma directa, a objetos concretos, cosas e instalaciones hechas de materiales reales (barro, piedra, cobre, acero, fieltro, tela, madera, yeso, ladrillo, etc.). No hay maquetas de cartón. Lo que se debe producir no son, en absoluto, "maquetas", en su sentido habitual, sino objetos concretos, trabajos plásticos a una determinada escala. Incluso el dibujo (le planos a escala debe partir siempre de un objeto concreto (aquí el orden habitual en la práctica arquitectónica –idea, plano, modelo, objeto concreto- se invierte). Primero se crean los objetos concretos y más tarde se dibujan a escala. E incluso la comprensión de las distintas dimensiones de la escala en la arquitectura se estudia en objetos concretos (por ejemplo, tomando medidas de una sección transversal o longitudinal de un trazado viario, dibujos detallados de un espacio interior existente, etc.) Llevamos en nuestro interior imágenes de las arquitecturas que nos han ido configurando, y podemos hacer revivir estas imágenes en nuestro espíritu y hacerles preguntas, pero de todo esto no surge aún un nuevo proyecto, ninguna nueva arquitectura. Todo proyecto ansía tener imágenes nuevas, nuestras "viejas" imágenes únicamente nos pueden ayudar a encontrar las nuevas. Pensar en imágenes al proyectar algo entraña siempre pensar en la totalidad. Pues, por su naturaleza, la imagen muestra siempre la estructura total del sector de la realidad imaginada objeto de consideración, como, por ejemplo, la pared y el suelo, el techo y los materiales, la atmósfera luminosa y la tonalidad de un espacio. E incluso, igual que en el cine, vemos todos los detalles en la transición del suelo a la pared y de la pared a la ventana. Es evidente que, con frecuencia, estos elementos no están ahí al comenzar un proyecto, cuando intentamos hacernos una imagen del objeto que estamos pensando. La mayor parte de las veces, la imagen es incompleta al comienzo del proceso del proyecto, de modo que nos esforzamos por volver a concebir y clarificar una y otra vez el tema de nuestro proyecto, a fin de que las partes que faltan encajen en nuestra imagen. O, dicho de otro modo: proyectamos. La clara y concreta perceptibilidad de las imágenes que nos representamos nos ayuda a hacerlo, a no perdernos en la esterilidad de abstractas hipótesis teóricas, a no perder el contacto con las cualidades de concreción de la arquitectura. Nos ayuda a no enamorarnos de la calidad gráfica de nuestros dibujos y a no confundirla con lo que constituye realmente una cualidad arquitectónica. Producir imágenes interiores es un proceso natural que todos nosotros conocemos. Forma parte del pensamiento. Un pensamiento asociativo, salvaje, libre, ordenado y sistemático en imágenes, imágenes arquitectónicas, espaciales, en color y sensoriales; he aquí mi definición preferida del proyectar. Me gustaría transmitir a los estudiantes que el método adecuado para proyectar es ese pensar en imágenes.

Impresionismo & Fotografía

Ya antes de iniciarse el siglo XIX, el mundo occidental venia experimentando cambios profundos socialmente que iban a repercutir para siempre en los modos producción hasta ese entonces practicados , y por lo tanto, en la mirada que tenía el hombre hacia su contexto y hacia su vida misma.
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La revolución industrial, trae inevitablemente consigo, todo este aparato moderno de manufactura rápida, en serie, de producción en masa y con materiales nuevos, adaptables a la nueva velocidad requerida no solo por la faceta productiva; los artistas quieren de igual manera estar comprometidos con el nuevo paradigma.

En el campo de la arquitectura, este compromiso se encaró así; la aparición del vidrio y del hierro, permitió a Paxton, ser la punta del ovillo que desarrollará posteriormente la arquitectura moderna hacia la contemporaneidad, con la construcción del Crystal Pallace para la feria internacional de 1851 en Londres. Al existir un nuevo material además que pueda ser pre-fabricado y por ello transportado en grandes cantidades y con rapidez para su instalación in situ (la “novedad” del material no es un aporte del siglo XIX, la antigua Roma ya conocía el hormigón), las “necesidades” plásticas, iban a cambiar indudablemente, solo era cuestión de tiempo para que los arquitectos encuentren un dialogo estético entre forma y material.
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Paxton. Crystal Pallace. Feria Internacional de Londres (1851). Vistas exterior e interior

En el campo de la pintura, el tema arroja una interrogante al presentarse un aparente “enemigo” que pueda sustituir una tradición de carácter utilitario, por lo menos considerado así, hasta ese momento. Esa aparente amenaza será la fotografía.
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Su descubrimiento en el año 1839, su rápido progreso técnico, que permite reducir el tiempo de posar y por si fuera poco, alcanzar mayor precisión, influyeron notablemente en la orientación que la pintura debería tener. Muchas prestaciones sociales, pasaron del pintor al fotógrafo como los retratos, los paisajes, etc.
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¿Qué le queda entonces al pintor de oficio de aquel entonces? Sufrió ineludiblemente una crisis puesto que la pintura se elevó, como arte, a una actividad de élite.
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“Si la obra de arte se convierte en un producto excepcional, solo puede interesar a un público restringido y ha de tener un alcance social limitado…”

La pintura como obra de arte será entonces un arte incompleto y por lo tanto, tenderá a desaparecer. Las soluciones que se presentarán para ello son dos: por una parte se afirmará que el arte es una actividad espiritual que no puede ser sustituida por un medio mecánico, por lo que la pintura se planteará como poesía o literatura figurativa, un concepto propio de los simbolistas. Y por otra, se reconocerá que el problema es un problema de visión que solo se puede resolver definiendo con claridad la diferencia entre los tipos y las funciones de la imagen pictórica y de la imagen fotográfica, planteando así la pintura liberada ya de su función tradicional de “reproducir la verdad” (Platón no lo hubiera tomado nada bien) como pintura “pura”, es decir que mediante los procedimientos pictóricos, se obtienen valores inalcanzables por otros medios. El argumento de los impresionistas se sitúa aquí, en esta segunda solución.

Simbolismo. Puvis de Chavannes. Muchachas a orillas del mar (1879)

Impresionismo. Claude Monet. Amapolas (1873)

No hay que pasar por alto que el fotógrafo también imprime en su creación sus propias inclinaciones estéticas y sicológicas, cuando elige un motivo, una luz y un encuadre. Por lo tanto, no hay porque negar que los procedimientos fotográficos pertenezcan al orden estético. Sin embargo, resulta errado pensar que la fotografía sustituye a los procedimientos pictóricos. Artistas como Courbet y Toulouse – Lautrec, consideraban a esta misma como una actividad artística diferente, tal como lo era la escultura; un arte distinto.

El impresionismo tiende a competir, en este momento, con la fotografía porque ambos están estrechamente ligados a la divulgación social, así como también tienen en común, la instantaneidad (la búsqueda de los impresionistas era captar rápidamente la imagen percibida a cierta hora del día, mediante rápidos trazos de “manchado” y teorías sobre el color de las cosas).

Fotografía de Monet en su jardín de Giverny (1922?) / Monet. The Waterlily Pond (1889)

Pintores como Toulouse y Degas, se sirvieron de alguna manera de las fotografías para completar sus cuadros, advirtieron en ellas estas manchas que revolucionaron en el siglo XIX, rechazando implacablemente, el trabajo del academicismo de los pintores realistas.

“En este sentido, es justo afirmar que la fotografía contribuyó a aumentar el interés de los pintores por el espectáculo social.”

Degas. L'absinthe. Detalle (1876) / Toulouse - Lautrec. La danse au Moulin Rouge (1989 - 1990)

Cabe resaltar que los fotógrafos nunca pretendieron competir con los pintores. Nadar era amigo de los impresionistas. La primera exposición de estos se llevo a cabo en su estudio. Nadar estaba consciente de que su técnica no tenia porque competir con la del impresionismo, para el eran cosas distintas.

Nadar. Retrato de Sarah Bernhardt (1859)

En cuanto a la fotografía artística de fines del siglo XIX, podría decirse que daba esa impresión de ser primitiva e incapaz de encontrarse así misma, así como lo era la arquitectura de los ingenieros, ya citada con Paxton, cuando decidió utilizar hierro, vidrio y cemento con una “moda arquitectónica” del pasado que no tenía nada que ver con la novedad del material.
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Detalle de la cúpula e interior de la Galería Lafayette en París (1893)


May Prinsep retratada como Beatrice Cenci por la fotógrafa Julia Margaret Cameron (1870)

“Y así como solo se llegará a una autentica arquitectura estructuralista cuando los arquitectos se liberen de la vergüenza de creer que su técnica no es artística, igualmente la fotografía de alto nivel estético solo se logrará cuando los fotógrafos dejen de avergonzarse de ser fotógrafos y no pintores, dejen de necesitar la pintura para convertir en artística la fotografía y busquen el origen del valor estético en la estructura intrínseca de su propia técnica.”


- Texto extraído y adaptado de: ARGAN, Giulio Carlo, El arte moderno. Del iluminismo a los movimientos contemporáneos, La realidad y la conciencia; La fotografía, Akal, SA., 2º Edición, Madrid, 1998 (1991), pp. 71 - 75

El arte, desde la mirada del dadaísmo

Texto extraído del articulo ¿Alguien sabe qué es el arte? de Marta Zatonyi

Desnudo bajando por la escalera de Marcel Duchamp (1912)

" Las fronteras entre el sublime, lo orgánico, la locura, y los permanentes embates contra el mismo lenguaje, no son sólo horadadas sino también móviles, sinuosas, imprevisibles.

El dadaísmo deambulaba, con violencia, entre estos factores. Su programa era experimentar este costo, mientras su estética se basaba sobre la permanente provocación y agresión, sus propuestas se caracterizaban por actitudes ilógicas y absurdas, constituyendo una manera de ser provocativa, amalgamada de tonos lúdicos y sarcásticos. Pero detrás de estos modos y actitudes tan particulares, erguían el enojo y el pánico. Los dadaístas fueron los asustados y enfadados hijos de la guerra y de un camino una vez construido con fe y confiado como proyecto, pero que finalmente condujo a terribles calamidades. Si bien este movimiento se expandió de su nativa Europa y fue adaptada en otras latitudes también, tiene voz propia sólo donde había guerra o donde se afincaron los que huyeron de ella.

No había sagrado que valga. Todo cayó bajo el piquete demoledor de su sarcasmo y de su furia. Todo sobre lo que supusieron justa o injustamente que podía haber sido partícipe de aquella situación demencial que era la guerra. En este caso de nuevo surge el peligro de atravesar los límites que se trazan entre la cultura, sus leyes, sus grandes aciertos y sus grandes errores (considerando que la cultura es todo aquello que el hombre creó, construyó, inventó) y lo real natural, sea interno o externo del humano.

Mientras aquellos artistas y teóricos, guiados por la ira destructora y por el odio de la desilusión, con justa razón se arremeten contra el arte cuyo objetivo es ocultar la tragedia por una belleza hipócrita y vacía, y trocar el compromiso humano por el delirio de la grandeza, esta misma desesperanza puede ser un caldo de cultivo de una renuncia esterilizadora.”

Las innovaciones dadaístas se posesionan en esta frontera tan frágil y peligrosa entre nuestro mundo y lo que ya es sólo y exclusivamente pulsional y orgánico, los actos públicos, los gestos creativos.

El gran valor de su estética y del conjunto de su obra reside en que a pesar de esta contingencia y amenaza inherente, habían logrado reencauzar su creación hacia nuevos horizontes artísticos e ideológicos. ¿Quién podría pensar en el arte contemporáneo sin este peligroso y sorprendente accionar del dadaísmo? "